UN TRISTE MARINO SUCUMBIÓ ANTE UN PRUSIANO MENSAJERO.
Julián Hernández.
Al Marino le hicieron daño sus dos anteriores
encuentros. Sí, porque pasó de la tensión necesaria para
afrontar sus envites con dos equipos de su liga – Granadilla
y Vera -, a la descompresión más absoluta, falta de nervio y
algo de indolencia, en la cita que la competición le tenía
reservada con el Mensajero en la tarde de hoy (por sábado de
carnaval).
En la primera mitad fue cuando único tuvo
algo de orden; pero solo algo. Le faltó puntería a Noah para
engatillar una de esas ocasiones que él se crea como nadie,
a la espalda de la defensa. El equipo marinista jugaba al
“tran tran”, con pereza, sin chispa y nada de ambición.
¿Y el Mensajero? Pues ganó siendo fiel al
espíritu de su entrenador. Orden, disciplina prusiana, y
algo de buen juego en muchas fases – no confundir con
exquisitez -. El equipo rojinegro, cogido con alfileres,
limitado en cantidad, necesita ponerse el traje “made in
Patricio de Ara” para sacar todo el provecho posible.
Es un espectáculo comprobar la dirección del
técnico portuense. Cada robo de balón de los suyos, lleva su
sello; cada salida en transición, lleva su marca; cada
reagrupamiento, él lo dirige; hasta las protestas al trío
arbitral las verbaliza y ordena Patricio en la banda.
Todo lo anterior, perfectamente interpretado
por sus hombres, le dieron los tres puntos de justicia al
Mensa. Marcos estuvo en su línea de seguridad; la defensa,
salvo algún despiste a sus espaldas (y no personalizo) se
mostró contundente; en el medio, Rayco barría y equilibraba
para dejar que Robayna armara el juego con precisión; la
línea de tres por delante se encargaba de un trabajo oscuro,
inadvertido, pero tremendamente eficaz; y arriba, ¡uffff!,
Romario se erigió en la referencia.
Estuvo inmenso todo el encuentro el jugador
grancanario – yo creo que todos concluimos que es un jugador
de superior categoría -: movilidad, desmarque, fijación
hasta el “encochinamiento” de sus rivales, calidad, calidad…
y más calidad. Genial fue su jugada y pase intermedio en la
consecución del primer gol de Robayna.
Toda la festividad, en cuanto a goles,
nerviosismo, protestas, malos modos, y exhibición negativa
del árbitro – malo como carne pescuezo para los dos equipos
- se presenció en el segundo tiempo.
Ocasiones al margen, que el Marino las tuvo en las botas de Noah antes y después del/los goles del Mensajero, y que quizás hubiera variado el resultado final del encuentro, el cuadro rojinegro ganó con merecimiento. Tras el primer gol de Robayna, los de Willy se atropellaron demasiado; les faltó criterio para oxigenar las llegadas al área contraria. Y eso era necesario por cuanto el Mensa no daba lugar al mínimo respiro.
El cuadro del
“Silvestre Carrillo” se ordenó con las líneas muy juntas,
dio gracias a Dios porque Noah no tuviera su día… y metió en
el campo a Joel. Acierto de Patricio. Joel, ocupando la
posición de Carlos Tutu, entró con la sexta marcha puesta.
Velocidad, trabajo de presión, desmarque… y hasta ¡goooool!
El segundo fue de su cosecha tras interpretación en dos
pases del contragolpe iniciado en Marcos y Fuli.
A partir de aquí, un querer y no poder del
Marino; alguna marrullería evitable; protestas del
respetable.
Tengo la impresión que el
cuadro marinista jugó su peor partido de la temporada como
local. Cometió demasiados errores, se precipitó casi
siempre, y no fue fiel a su modelo. Pero esto es la
excepción, por tanto, no nos inquieta su futuro.
El Mensajero, de momento, despeja las dudas y
controversias que suelen generarse con resultados negativos.
Me alegro por sus jugadores y cuerpo técnico.
Y termino con dos
puntualizaciones. La primera, haciendo mención de Yeray –
con perdón para el resto -; y lo hago, por lo que significa
en todos los sentidos. Por cuestiones de logística
futbolística, Patricio lo utiliza en banda – derecha -, pues
bien, es de encomio su sacrificio sin balón, sin posibilidad
de brillar, pero trabajando como un descosido para sus
colores.
Por último, sobran los comentarios ante el
abrazo fraternal de los dos entrenadores al final del
encuentro.

